Archive | Mai 2012

¿Qué es capital ficticio?

Rolando Astarita · · · · ·

 

En varios escritos que circulan dentro de la izquierda, se define al capital ficticio como todo tipo de acreencia o título financiero; esto es, se lo identifica con los títulos (bonos, acciones) que proporcionan rentabilidad a quienes los poseen. Se sostiene que, a diferencia del capital real, el ficticio no constituye riqueza social, ya que los títulos no poseen valor intrínseco.

El objetivo de esta nota es precisar, en primer lugar, cual es la noción de capital ficticio en Marx, y en segundo término, presentar algunas conclusiones relacionadas con la idea de que sería posible salir de las crisis capitalistas, o solucionar los problemas fundamentales vinculados a la acumulación del capital, mediante inyecciones de capital ficticio.

La noción en Marx

La expresión capital ficticio fue introducida por Marx para designar aquellos activos financieros cuyo valor no se corresponde con algún capital real; el caso paradigmático son los títulos públicos. Es que cuando un gobierno emite títulos para cubrir sus gastos corrientes, el dinero que recoge no entra en algún circuito de valorización, y por lo tanto no es capital. Por eso Marx destaca que el precio del título no representa capital, o valor en proceso de valorización. Un pagaré o un bono del Estado solo dan a su propietario el derecho a participar de una parte de la plusvalía, bajo la forma de los impuestos que recaude el gobierno. Por otra parte, los valores de los títulos públicos pueden modificarse, según las oscilaciones de la tasa de interés, o según varíe la confianza en que el Estado podrá hacer frente a sus obligaciones. Estos cambios en los valores pueden, por lo tanto, no tener una relación directa con la acumulación del capital. Por ejemplo, la suba de los títulos del Tesoro de EEUU, desde mediados de la década de 1980, se debió en buena medida a la caída progresiva de la tasa de interés, a lo largo de casi tres décadas. La demanda internacional de los títulos -EEUU es considerado un refugio seguro para los capitales líquidos- explica en buena medida la caída de la tasa. Pero ese aumento del stock de títulos no tuvo como contrapartida un incremento del capital real. Incluso en períodos de crisis o incertidumbre, los precios de los bonos del Tesoro de EEUU continuaron en aumento, a contramano de lo que sucedía con muchos otros activos financieros, que caían al compás de la desvalorización del capital real.

La segunda variante del capital ficticio analizada por Marx es el capital accionario. Recordemos que una acción da derecho a participar en los beneficios de la compañía. En palabras de Marx, “la acción no es otra cosa que un título de propiedad, pro rata, sobre el plusvalor que se ha de realizar por intermedio (del) capital” (Marx, 1999, p. 601). Las empresas emiten las acciones para financiarse (la oferta inicial), y luego pasan a negociarse diariamente en el mercado. Por lo tanto, solo lo recaudado en la emisión inicial pasa a integrar el capital real de la empresa. Sin embargo, los precios de las acciones pueden despegarse (y es lo que sucede en la realidad) del valor del capital realmente invertido. Las ganancias realizadas, y las expectativas de mayores ganancias futuras, por lo general, generan olas de optimismo, que pueden llevar a que el precio bursátil de la empresa (esto es, el precio que debería pagar un inversor si quisiera adquirirla comprando las acciones) sea superior a su valor real (también llamado valor libros o contable), determinado por los costos de reposición de equipos, planta y capital circulante en existencia. Marx parece referirse a esta diferencia como capital ficticio. Esto es, si el valor de la acción se corresponde con el valor libro, no cabe hablar de capital ficticio. “Las acciones de compañías ferroviarias, mineras, de navegación, etc., representan capital real, a saber, capital invertido y operante en estas empresas, o la suma adelantada por los participantes para ser gastada como capital en tales empresas” (ídem). Marx aquí está diferenciando entre capital ficticio y real. Y subraya que en el caso del capital en acciones, el capital no existe dos veces, una como capital real, y otra como capital accionario. Pero esto no debe interpretarse como que el título no expresa capital real. Aunque si el valor de la acción supera al valor del capital real, podemos hablar de capital ficticio. Para expresarlo con un ejemplo, si el valor bursátil de la empresa es $1000, pero su valor contable, o de reposición real, es $400, el capital ficticio sería $600. Desde el punto de vista práctico, en los mercados se considera que existe sobrevalorización bursátil cuando la relación entre el valor bursátil y la ganancia anual de la empresa (lo que se llama price/earning) supera sus promedios históricos (que en Wall Street, por ejemplo, se ubican entre 8 y 10). El p/e indica el número de años que son necesarios para pagar, con la ganancia anula de la empresa, su valor bursátil. En vísperas del derrumbe bursátil de las acciones tecnológicas, de 2000-01, algunos p/e eran absolutamente “disparatados”, superando los 100 años. Se trataba entonces de un caso típico de crecimiento de capital ficticio.

Capital ficticio de los bancos y la propiedad inmobiliaria

Por extensión, Marx también consideró como una forma de capital ficticio a la mayor parte del dinero que figura como depósitos en los bancos, ya que los créditos concedidos por el banco no existen como depósitos. Si bien este aspecto del asunto no es tomado en consideración cuando se evalúa el capital ficticio, tiene interés darle cierta atención. Aquí lo importante sería no incurrir en “doble contabilidad”. Lo explicamos con un ejemplo. Supongamos que $100 que conforman un depósito son prestados por el banco a una empresa A, que los invierte en ampliar su capital fijo. Para el ahorrista, propietario del depósito, los $100 constituyen un “capital dinerario potencial”; pero en la realidad estos $100 solo existen como capital en proceso de valorización, y no deberían contabilizarse dos veces. Y si el banco invirtió el depósito en comprar títulos públicos, la acreencia solo es capital ficticio. Por otra parte, y esto tal vez sea más interesante, se dan los casos en que el activo del banco es “doblemente ficticio”, si se quiere. Sucede cuando al banco se le permite seguir cotizando el título a su valor nominal, aunque su valor de mercado esté muy por debajo. Pero si los precios de los títulos no se recuperan, el banco no puede evitar la pérdida.

Naturalmente, otra forma de capital ficticio es la que está relacionada con la propiedad inmobiliaria. Es que el precio de la tierra está vinculado a la tasa de interés (al bajar la tasa, sube el precio), y la propiedad inmobiliaria muchas veces está sometida a la misma lógica de cualquier otro activo financiero. De ahí las burbujas especulativas, y su posterior desplome. Como resultas de esto, a veces se puede asistir a una suba durante años de los precios de las propiedades inmobiliarias, esto es, del stock de “capital” (aunque en términos marxistas la tierra no es capital) invertido en las mismas.

Los títulos de deuda

A diferencia de los casos discutidos en el anterior punto, las acreencias que están en propiedad de los prestamistas no necesariamente representan capital ficticio. Supongamos un capitalista dinerario que presta $1000 a un empresario, el cual adquiere medios de producción y fuerza de trabajo para generar plusvalía. El título de deuda que posee ahora el capitalista dinerario representa capital real, esto es, valor en proceso de valorización; no es capital ficticio. Por supuesto, si estalla una crisis y el empresario no puede vender las mercancías, el capital se desvaloriza. Pero esto no cambia la naturaleza del asunto, ya que en última instancia, todo capital es pasible de desvalorizarse, y no por ello todo capital es ficticio. Por esta razón, Marx señala que el certificado de deuda “no representa capital meramente ilusorio, como en el caso de las deudas públicas”. Lo cual, hay que insistir en ello, tampoco significa que el capital exista dos veces, una bajo la forma del capital en funcionamiento (los $1000 invertidos), y la otra como valor del título. Pero lo importante es que en el caso del préstamo al capital productivo, a diferencia de lo que sucede con los títulos públicos, hay capital que se está valorizando, esto es, explotando al trabajo y obteniendo plusvalía. Por eso, es un error identificar sin más todo crecimiento del crédito (que implica crecimiento de todo tipo de papeles) con aumento del capital ficticio. Tampoco tiene sentido asimilar el crecimiento del crédito con estancamiento del capitalismo. El crédito es una palanca de la acumulación del capital, que a su vez es la forma social que adquiere el desarrollo de las fuerzas productivas. Esto no se modifica por el hecho de que el crédito también sea una palanca de la especulación y de la sobreacumulación (esta cuestión la trataré con más detalle en otra nota).

Los nocionales de los derivados

Actualmente existen instrumentos financieros que Marx no conoció, y que a veces se consideran también capital ficticio. Los más significativos son los nocionales, que subyacen a los derivados que se negocian en los mercados financieros. Para explicar qué es un nocional a los lectores no familiarizados, lo explicamos con un ejemplo sencillo, el de un swap de intereses de tasa flotante contra fija. El swap de intereses es un contrato realizado entre dos partes, por el cual una de ellas se compromete a pagar periódicamente una tasa de interés fija, y la otra una tasa variable, durante un lapso de tiempo establecido. Por ejemplo, A paga 4% y B paga Libor + 0,25%. Pues bien, el contrato se establece sobre un valor nocional de, supongamos, 1 millón de dólares, y las partes solo intercambian flujos en caso de que haya variación de la tasa (por ejemplo, si la tasa de interés variable ha subido 0,10 puntos porcentuales, B pagará a A 0,10% de un millón de dólares). Lo importante es que el nocional no tiene por qué ser necesariamente capital ficticio. B, por caso, puede ser un banco que ha prestado un millón de dólares a una empresa a tasa variable, y con el contrato se protege contra una eventual caída de la tasa Libor. Si la empresa que recibió el préstamo ha invertido productivamente el millón de dólares, no estamos en presencia de capital ficticio. Dada la dimensión de las sumas involucradas en los nocionales (los contratos en tasa de interés en 2011 implicaban nocionales por 500 billones de dólares, y cuando se incluían los contratos en tipo de cambio y los seguros contra default, o CDS, se llegaba a 648 billones), es necesario tener presente esta distinción. Lo importante aquí es saber en qué consisten estos activos. Por ejemplo, si se trata de papeles inmobiliarios inflados, estaremos ante un típico caso de capital ficticio; pero no siempre será así.

Capital ficticio y demanda durante el auge

Lo discutido hasta aquí sirve para explicar por qué el capital ficticio, por sí mismo, no puede solucionar los problemas fundamentales que están asociados a la acumulación. Sin embargo, alguna gente piensa que durante las fases de auge del ciclo económico, el aumento de capital ficticio bursátil o inmobiliario (esto es, el incremento de sus precios) genera nuevo poder de compra, lo que a su vez permite expandir la producción y por lo tanto generar más plusvalía. Por eso se piensa a veces que hay expansiones puramente “ficticias”. El razonamiento es que si el valor total de las acciones en el momento t es $1000, y en el momento t + 1 es $1200, el poder de compra se habrá incrementado en un 20%. De manera que las burbujas tendrían el efecto milagroso de generar más y más plusvalía. Pero de nuevo, esto es ilusorio. Se puede decir que en estos casos estamos ante un típico fenómeno de “fetichismo” del capital: el valor parece crecer y crecer por la sola acción de inversores que compran más y más acciones (o tierras), sin intervención del trabajo humano. La ley del valor trabajo “a lo Marx” parece caerse. Pero no hay tal cosa. La valorización bursátil (o de la tierra) no puede generar nuevo poder de compra. Para ver por qué, supongamos que A ha invertido $20 en acciones, y al cabo de un cierto tiempo las mismas se han valorizado un 50%. Entonces A decide vender, a fin de adquirir un bien de consumo. Cuando A vende las acciones, tiene un poder de compra de $30, pero el comprador de las acciones ha resignado el mismo poder de compra. No hay inyección nueva de valor, cuando se considera el asunto desde el punto de vista global. Algo similar ocurre con la inflación de los precios de la tierra.

Naturalmente, esto no significa que el crecimiento del capital ficticio no pueda incidir en la acumulación. Una forma en que afecta a la acumulación es que el crecimiento de los precios bursátiles puede favorecer el financiamiento de las empresas, ya sea porque éstas utilizan los títulos como colaterales para obtener préstamos y ampliar la producción, o bien porque emiten nuevas acciones para ampliar su capital en las mejores condiciones. Desde el punto de vista del consumo, está lo que se llama el “efecto riqueza”, que consiste en que los inversores pueden sentirse más confiados para aumentar el gasto cuando se valorizan sus tenencias.

Por otra parte, el crecimiento del capital ficticio también genera las condiciones para que aumente la especulación, para que se desaten “manías inversoras” y se desarrollen todo tipo de fraudes y estafas que, por regla, terminan en gigantescas catástrofes y quiebras.

Las crisis y el capital ficticio

La inflación de capital ficticio tampoco puede sacar a las economías de la crisis. Si se trata de las acciones, lo característico es que ya con el inicio de las crisis sus precios se derrumben. Esto es, el viraje hacia el descenso económico va acompañado por el colapso de enormes masas de capital ficticio.

En cuanto a los títulos públicos, su crecimiento no puede solucionar las cosas durante la crisis. Para ver por qué, supongamos que en una economía ha caído la demanda (los capitalistas no reinvierten la plusvalía, y el desempleo se está incrementando). El gobierno decide entonces inyectar gasto público, financiado con la colocación de títulos; éstos son comprados con plusvalía (los asalariados no compran títulos). Supongamos que el Estado recoge así $1000, con los que paga subsidios a desocupados o salarios a los empleados estatales. Esta inyección activa la demanda de bienes por $1000 (los desocupados o los empleados consumen bienes). Sin embargo, si la acumulación capitalista no se recupera, en la siguiente ronda hay que volver a inyectar gasto fiscal para sostener la demanda. Y además, hay que pagar los intereses por los bonos colocados en la primera ronda. Por eso, la recuperación de la demanda por esta vía tiene alcance limitado. Además, si la economía continúa en crisis, y crece el stock de deuda del gobierno, lo más probable es que los capitalistas dinerarios comiencen a exigir una tasa de interés cada vez más alta para seguir prestando. La cuestión de fondo es que el gasto del Estado es financiado con plusvalía que está generada por el trabajo productivo, y en tanto éste no se reactive, los problemas seguirán agravándose. El gasto fiscal puede ayudar a reactivar la demanda, pero no es la solución del problema. En este respecto hay que destacar la importancia de no caer en el fetichismo financiero, o del Estado y sus posibilidades de evitar, o solucionar, las crisis capitalistas. El gasto estatal no puede constituir nunca una fuente autónoma de demanda, dado que los impuestos solo son una fracción de la plusvalía generada por el trabajo asalariado. Vinculado a esta cuestión, también hay que aclarar que la emisión monetaria (por ejemplo, para monetizar un déficit fiscal) tampoco es salida, ni significa incremento de capital ficticio, sino la simple desvalorización del signo monetario. Pero por esto mismo no impide la desvalorización del capital, ni constituye una fuente de demanda adicional. Por ejemplo, supongamos que se está en una crisis, en que hay mercancías sin vender, y que el gobierno emite dinero para financiar gasto, de manera que las mercancías se venden. De esta forma se impide que bajen los precios de estas mercancías, y por lo tanto que no se desvalorice este capital mercancía. Pero esto ocurre al costo de la desvalorización del capital dinero. Por supuesto, se puede sostener que es preferible una desvalorización por vía de la inflación, que la deflación. Pero lo importante es que la inyección no frena la caída de los valores.

Subrayamos, solo si se reanuda el gasto de plusvalía (esto es, si baja el atesoramiento), habrá una reactivación genuina de la demanda. Por ejemplo, desde el estallido de la crisis en 2007 los bancos centrales han aumentado sus balances al comprar principalmente deuda soberana y deuda de bancos. Según el FMI, estas compras fueron financiadas con expansión de la base monetaria, que aproximadamente se duplicó, en términos de porcentaje del PBI, entre 2007 y 2011. Se ha calculado que hoy habría unos 15 billones de dólares en títulos y préstamos de muy dudosa calidad, en poder de los bancos centrales (Winter, 2012). Se trata de una inmensa masa de capital ficticio, que no tiene contrapartida en la riqueza ni en el capital real, y que por sí misma no ha logrado, ni logrará, sacar a las economías del estancamiento.

En conclusión, el capital ficticio no tiene las propiedades “mágicas” que muchos le asignan. Su incremento no puede sostener por sí mismo la acumulación del capital, ni sustituir la producción de plusvalía. Por eso mismo, las gigantescas masas de “papeluchos” creados desde 2007 no han salvado al modo de producción capitalista de la crisis.

Textos citados:

– Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI, tomo III, vol. 7.

– Winter, R. (2012): Largest Central Banks Now Hold Over 15 Trillion in Fictius Capital, The Wall Street Examiner, 27 January.

Rolando Astarita es profesor de ciencia económica en la Universidad de Buenos Aires.

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Luz y taquígrafos para Bankia

 

Mariano Rajoy, seis meses atrás: «No pienso dar un solo euro público a la banca». Aunque lo grave no es solo esta promesa rota, otra más, sino el precio que va a pagar la sociedad por los abusos y la penosa administración de unos gestores que no solo han arruinado unas instituciones centenarias, sino que han dejado un gran boquete en el bolsillo de todos los ciudadanos. Las cifras marean. Entre el FROB, los créditos casi regalados del BCE y las ayudas directas que ya ha esbozado el Gobierno suman algo más de 80.000 millones de euros públicos, unos 1.700 euros por español. El agujero es tan grande que nos podría tragar. Por comparar, es ocho veces más que el recorte previsto en educación y sanidad.

Más información

Ignacio Escolar

Edición Impresa

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Información publicada en la página 9 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 11 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Lo ocurrido con Bankia es de tal gravedad que el Gobierno debería dar dos pasos: abrir una comisión en el Parlamento donde se aclare la quiebra y ordenar a la fiscalía que investigue si, más allá de las responsabilidades políticas, hay también responsabilidad penal. El dato conocido estos días sobre las cuentas del 2011 -que el auditor externo Deloitte se negó a firmar por estar plagadas de irregularidades- no se puede ventilar sin más.

No puede ser simple mala suerte que se derrumbe la cuarta mayor entidad financiera del país. Varias personas deben responder por todo esto: los consejeros que dirigieron el barco hasta el naufragio. La burbuja inmobiliaria fue global y no todas las cajas ni todos los bancos han acabado igual. La responsabilidad es de los políticos, pero no por igual: aunque en los consejos de Bankia y las antiguas cajas se sentaban representantes del PSOE o los sindicatos, es principalmente el PP, de Valencia y de Madrid, quien monopolizó la gestión real. Por eso es una burla que el PP culpe al Banco de España de lo ocurrido. Es evidente que muchas cosas se hicieron mal desde el regulador, que parecía más pendiente de la reforma laboral que de su propio jardín. Pero cuando se comete un robo, la principal culpa es del ladrón, no del policía que no logra evitar el delito.

e-Periódico

El Periódico

6 Assemblea d’EUiA

 

El lema de la 6ª Assemblea: #tempsdesquerres #tempsdunitat #tempsdalternatives

 

Cap a la 6ª Assemblea Nacional d'Esquerra Unida i Alternativa
Un bloc participatiu per a reflexionar, opinar i debatre

Prem aquí per consultar el Document polític de la 6a Assemblea Nacional d’EUiA, aprovat pel Consell Nacional del 24 de març de 2012

EUiA celebrarà la seva 6a Assemblea Nacional els dies 2 i 3 de juny a la Fira de Sabadell.


Com podem aturar l’extrema dreta? Jornades d’Unitat contra el feixisme i el racisme

Polítics xenòfobs, ‘centres socials’ nazis, agressions feixistes al carrer…

dissabte 2 de juny · 11h-24h · Espai Jove La Fontana, Gran de Gràcia 190 (Metro Fontana L3)

Amb la participació, entre d’altres, de: Weyman Bennett, Unity Against Fascism (GB); Rosa Cañadell, portaveu d’USTEC; Esteban Ibarra, Movimiento Contra la Intolerancia; Miquel Ramos, Obrint Pas; Rosa Toran, Amical Mauthausen; La Xixa Teatre

Formulari d’inscripció · Baixar el cartell en PDF · PDF octaveta breu · PDF del programa, versió pantalla · PDF del programa, versió per imprimir

Les notícies d’arreu d’Europa són molt preocupants. Amb el rerefons de la crisi, a França, el Front Nacional, del qual Plataforma per Catalunya (PxC) és una petita còpia, va rebre més del 18% dels vots a les eleccions presidencials. A Grècia, el partit obertament nazi, Alba Daurada, ha aconseguit 21 diputats amb el 6,9%. A Noruega, aviat serà l’aniversari de la terrible matança d’Oslo a mans d’Anders Breivik, un home que té una ideologia molt semblant a la de PxC.

A casa, PxC ha fracassat als seus intents d’entrar al Parlament català i al Congrés de Madrid. Però tenen desenes de regidors, i ara un sector del partit aplica l’estratègia de Casa Pound Itàlia, declarament feixista, de crear ‘centres socials’ per intentar captar joves. Hi ha cada vegada més agressions feixistes i racistes al carrer, fins i tot protagonitzades pel mateix ‘führer’ de PxC, Josep Anglada.

És clar que ens enfrontem a una greu amenaça.

Però també és clar que tenim respostes. La magnífica manifestació al Clot contra el local nazi n’és l’última mostra. Quan ens unim, som molts més que ells; tenim molta més força que una colla de feixistes que han de mentir per intentar guanyar suport.

Aquestes jornades són un espai de debat respecte a com podem impulsar millor la lluita contra l’extrema dreta. No seran classes magistrals, sinó una oportunitat perquè totes les persones que donen suport a UCFR puguin compartir idees i propostes, preguntes i diverses respostes.

L’objectiu és enfortir i estendre la nostra lluita, i construir més unitat contra el feixisme.

Programa de les jornades

11,00h-11,30h
Acte d’obertura: formem-nos davant el racisme i el feixisme

Amb: Rosa Cañadell, portaveu d’USTEC

11,30h-14,00h
Allò que sempre volies saber sobre UCFR… cinc preguntes típiques

Molta gent dels moviments, quan sent parlar d’UCFR per primera vegada, es planteja preguntes. Algunes tenen respostes clares, altres no tant, però paga la pena debatre-les a fons. En aquesta sessió, treballarem en grups petits entorn a aquestes qüestions:

  1. Hem d’enfocar-nos en grups feixistes com a tal, com PxC, o hem de combatre tots els partits que expressen idees racistes?
  2. El fet de mobilitzar contra els grups feixistes és un atac injustificable a la seva llibertat d’expressió?
  3. Quina posició ha de prendre UCFR davant accions d’enfrontament directe amb el feixisme?
  4. Hem d’intentar prohibir judicialment PxC?
  5. Què pot fer UCFR per combatre la islamofobia?

Després, una posada en comú, amb resums dels grups, explicació de qualsevol debat nou que hagi sorgit…

14,00h-16,30h
Temps per dinar

Dinar popular, 5 euros

16,30h-18,30h
Tallers en paral·lel:
A: Antirumors
La Xarxa Antirumors fa una feina continua de conscienciació, amb octavetes, vídeos, i els cursos per a agents antirumors. Aquest taller donarà un tastet de la seva feina, amb algunes activitats de les que duen a terme als seus cursos.
Amb: Karol Astudillo, activista d’UCFR i coordinadora de la Xarxa BCN Antirumors; La Xixa Teatre, entitat membre de la Xarxa BCN Antirumors i especialitzats en teatre social antirumors.
B: Mitjans i internet
Les xarxes socials i els mitjans de comunicació són una eina essencial en la lluita contra l’extrema dreta. Com podem estendre la nostra feina en aquest camp?
Amb: L’Arqueòleg Glamurós (blocaire i tuitero).
C: Defensa legal
Quan ens mobilitzem contra el feixisme, sovint topem amb problemes legals. En aquest taller s’explicarà el marc legal que ens envolta, i com podem treballar de manera més efectiva davant els problemes que sorgeixin. El taller es dirigeix tant a persones que es troben davant de denúncies per la seva activitat, com als grups locals que necessiten saber més del tema.
Amb: Carla Duran, advocada i UCFR El Garraf.
D: Música i antiracisme
Hi ha una llarga experiència en aquest camp a Gran Bretanya, primer amb Rock Against Racism, i actualment amb Love Music Hate Racism, que promou concerts antiracistes autogestionats arreu del país. Com podríem treballar millor aquest aspecte aquí?
Amb: Miquel Ramos, Obrint Pas; Weyman Bennett, Unity Against Fascism (GB).
19,00h-21,00h
Acte final: amb la unitat podem aturar l’extrema dreta!

Presenta i modera: Amaia García, UCFR Clot. Amb: Rosa Toran, Amical Mauthausen; Esteban Ibarra, Movimiento Contra la Intolerancia; Miquel Ramos, Obrint Pas; Weyman Bennett, Unity Against Fascism (GB); Txell Bru, UCFR.

21,00h-24h
Espai relax

Begudes, bocates i una mica de música.

Lloc de les jornades

Espai Jove La Fontana, Gran de Gràcia 190 (Metro Fontana L3, i 2 minuts cap a munt, a la dreta)



Formulari d’inscripció

Unitat contra el feixisme i el racisme
http://unitatcontraelfeixisme.org
http://www.facebook.com/unitatcfr

El Presidente del País de los Horrores!!

http://elhombrebizantino.wordpress.com/

Querido señor Presidente: es usted un hijo de puta. Usted y sus ministros. Se lo digo así, de entrada, porque sé que nunca va a leerme, como nunca lee usted libros, ni nada más que periódicos deportivos como usted mismo ha confirmado, jactándose, como buen español de ser un ignorante. No se
engañe, por eso lo han votado tanta gente. Perdonen los demás el exabrupto, pero es que está demostrado que somos lo que nuestros padres nos han educado, y si usted y sus ministros son como son, es porque sus madres muy bien no lo han hecho. A pesar de los colegios de pago, de pertenecer a la oligarquía de épocas dictatoriales, etc.Verá usted, señor presidente. Lo que más me molesta no es que usted sea un bastardo malnacido, sino un ignorante, y sobre todo un mentiroso. Se presentó a unas elecciones diciendo que no haría cosas que ahora hace. Dijo hace tiempo que la posibilidad de una amnistía fiscal le parecía injusta y
absurda, y no ha tardado ni tres meses en recurrir a esta medida de forma injusta y absurda, como señala el diputado de IU Alberto Garzón al que usted y sus secuaces ningunean como a cualquier otro que no sea seguidor suyo. Ésa es la democracia que ustedes entienden, ignorar a los representantes de la ciudadanía que no le es afín. Usted dijo que la Sanidad y la Educación no se tocaban, y la han tocado pero bien. A la banca nada, y eso que los grandes expertos en economía señalan que, o le metemos mano a sus amigos de las finanzas, o nos vamos a pique.

Le voy a explicar unas cuantas cosas dado que usted es un ignorante que lee prensa deportiva en lugar de libros de historia, economía o política.
Durante los años 20 hubo gente que tuvo la genial idea de crecer mucho, por encima de sus posibilidades como ahora tienen ustedes tan de moda decirnos. Tanto que incluso a Churchill, para salir de la situación de postguerra, se le ocurrió revalorizar la libra, lo que trajo bajada de sueldos y aumento de las horas de trabajo. No sólo no se creció por encima de lo esperado sino que destruyó la posibilidad de crear un modelo sostenible de crecimiento basado en el consumo, lo que permite terciarizaruna economía y hacerla verdaderamente competitiva. Eso es ser un país desarrollado y no
ganar mundiales de fútbol. Cuando llegó la crisis del 29 y la posterior recesión mundial en los 30, en un país tan poco sospechoso de socialista, comunista o lo que ustedes quieran, como EEUU, decidieron adoptar una cosa llamada New Deal, que consistió, entre otras cosas, en subir lossueldos y
bajar las horas de trabajo. Como consecuencia, había más puestos de trabajo para cubrir esas horas de menos, y los que salían de su trabajo lo invertían en consumo, lo que reactivó la economía y permitió al país dar un definitivo empujón hacia arriba para salir victorioso de una Guerra Mundial que libró en tres continentes.

Por si usted no lo sabe, las medidas que está ejecutando han conseguido lo contrario. Hablo en pasado porque tal vez no lo sepa, pero no hay nada nuevo en los famosos “recortes”. Argentina, Chile, Polonia, Rusia y í hasta un largo etc. de países engrosan una horrible lista de fracasos de las
políticas neoliberales de Milton Friedman y el Consenso de Washington que  desde los 70 llevan intentando hacernos creer que sumergir a un país en el shock económico es una salida a la crisis. Jamás las medidas de la Escuela de Chicago han funcionado. Jamás un país ha salido de la crisis de esa forma. Jamás una sociedad se ha beneficiado de ello. Por el contrario, ha generado suicidios, deterioro del Estado del Bienestar (que ustedes insisten en decir que se ha terminado mientras vemos cómo crece y se desarrolla en otros países de nuestro entorno) y ha destruido el futuro de numerosas generaciones.

Usted miente, señor Presidente, y es sumamente peligroso. Porque el anterior era un inútil, pero usted es un pirómano en mitad de un incendio. El otro creía vivir en el País de las Maravillas y usted nos está sumiendo en el País de los Horrores. Toda política fiscal que no se base en la generación de riqueza, toda medida relativa al empresariado que no atienda prioritariamente a las empresas que cotizan más del 60% de sus ganancias en forma de sueldos e impuestos en España (y no Repsol, que solamente invierte un 20% y ahora la defienden como española; hay empresas extranjeras que
reparten más beneficios al conjunto del país), todo lo que no sea alumbrar un futuro basado en la investigación y no en el trabajo precario, es destruir el futuro del país. A usted y sus secuaces se les llena la boca diciendo que hay que fomentar el emprendedorismo, yen lugar de ello desarrollan un plan basándose en los ideales especulativos de los dirigentes de la CEOEcuyo historial de empresas arruinadas por la especulación de la que ellos salen indemnes mientras el Estado se hace cargo de los parados que dejan es absolutamente bochornosa. Eliminan de todo plan de emprendedores la posibilidad del emprendedor social y generan únicamente una nueva casta de tiburones amparados en una reforma laboral neofeudal.

Ustedes se olvidan que los países desarrollados como EEUU, Alemania, Francia, etc., invierten entre 2`6 y el 3’4% del PIB en I+D+I. España no sólo necesita un esfuerzo superior (en torno al 6%) paraponerse a su altura sino que ustedes nos bajan la inversión del 1’3% al 0’9%.

Para entendernos, usted que sólo lee sobre deportes, es la diferenciaentre inventar un coche, y fabricarlo. Quien lo inventa tiene los beneficios de todos y cada uno de los coches que se venden. Quien lo fabrica sólo de las unidades que salen de su fabrica. ¿Dónde se inventan los coches? En
Alemania, por citar un caso. ¿Dónde se fabrican? En España, Polonia o Rumania. Es evidente de quiénes estamos más cerca, pues. Al darle el hachazo que usted le ha dado a la investigación nos condena a ser un país de camareros, portaequipajes, y por supuesto de trabajadores poco o nada
cualificados que trabajemos para empresas extranjeras a sueldos miserables mientras tenemos la moneda de los países con mejor calidad de vida. Si seguimos en el euro es para vivir como ellos, no para que ustedes nos hagan vivir como en Botsuana con precios de París.

Usted nos está suicidando económicamente. Tal vez no sepa quién es Paul Kruggman, pero es Premio Nobel de Economía. Para éles evidente que usted nos miente o no quiere darse cuenta de que no estamos ni siquiera en recesión, sino en fase de depresión, y sus medidas nos hunden cada vez más.
Ha aceptado ser el banco de pruebas del FMI, cuyas medidas ya arruinaron a varios países, pregunte si no por Grecia o Italia donde están fracasando estrepitosamente. Usted no le dice a la gente que estamos metidos en una III Guerra Mundial cuyas armas no son de fuego, sino que tienen la forma de
experimentos socio-económicos, donde los tanques son agencias de calificación de la deuda, donde los países utilizan a los ciudadanos para intereses ajenos a estos, y donde, al final, la gente está muriendo y sufriendo, como en cualquier guerra. Usted nos dice que es bueno meter a cuarenta alumnos por clase, que es bueno que haya menos profesores, menos médicos, menos atención sanitaria, y a veces pienso que simplemente usted es gilipollas, que no puede ser que actúe con maldad. Y créame, lo sigo pensando. Los malos seguramente son otros, usted no tiene la inteligencia
suficiente para darse cuenta de todo eso. Sí la tiene, en cambio, para saber que todo esto puede traer revueltas sociales, agitación en la calle. Por eso va a aprobar una medida por la cual será terrorismo y condena criminal resistirse a la voluntad del Gobierno expresada en sus brazos decoerción, es decir, al policía. Como yo le estoy diciendo esto, seguramente me acusará de terrorismo por incitar a la gente a decirle a usted las verdades a la cara.

Señor Presidente, usted no quiere decirlo porque la Führer Merkelle amenaza desde el IV Reich que se ha instalado. No es una exageración, oiga, que lo dice hasta el Financial Times que como todo el mundo sabe es muyde izquierdas sin duda. Estamos metidos en mitad de una III Guerra Mundial,
vuelvo a repetírselo, y no es una idea únicamente mía, sino de gente de esa que ha estudiado, tiene doctorados, ha dado clase en varias universidades, ha viajado por el mundo, ha leído mucho, mucho, habla varios idiomas, ha   vivido diferentes procesos de crisis y recuperación, y a algunos también
les gustan los deportes. Pero también ven que ustedes nos metieron una
primera fase de Movimientos Financieros que ahogaron nuestra economía y ahora nos meten en una fase de Posiciones para hundirnos en el shock, en el miedo, en la angustia.

Solo le deseo que si algún día la sociedad se rebela, salimos a la calle, tomamos los poderes públicos, proclamamos una Asamblea Constituyente, convocamos un referéndum sobre la forma de Estado, disolvemos los partidos actuales y los obligamos a refundarse en partidos queatiendan a las
ideologías políticas y no a las económicas, establecemos un sistema de elecciones realmente democráticas, nos salimos de la moneda alemana (llamada también euro) y establecemos pactos bilaterales con los países importantes, invertimos en educación e investigación. Sí, todo eso pasa y
empieza con una mecha que la sociedad enciende. Si pasa y asaltamos su palacete en la  Moncloa,ojalá usted esté ya camino del exilio en Berlín.

O lo va a pasar mal. Muy mal.“Los recortes se aceptan por una de las fuerzas mas importantes de la
humanidad, el miedo.”

Autor: Aarón Reyes Domínguez


MARX Y LA CRISIS FINANCIERA. A propósito del “capital ficticio”

Blog de Fernando Esteve y José Manuel Rodríguez, profesores de Teoría Económica de la UAM.

 

Aquellos ya mayores que como yo tuvimos la suerte de estudiar Economía allá por los años setenta del siglo pasado habrán comprobado conmigo que un viejo conocido (y para algunos, amigo)  parece que ha vuelto tras un largo exilio. Me refiero a Karl Marx. Tuve que leer y estudiar a Marx en los años de mi formación, realicé la tesina de licenciatura sobre un aspecto de su pensamiento, y comprobé cómo desapareció de las aulas en los años 80. En pocos años, declararse discípulo de Marx, ser marxista, no sólo pasó a estar  mal visto políticamente sino que se llegó a ver  como un claro indicio de debilidad mental (he de decir aquí que esa apreciación no era enteramente gratuita ni carecía de buenos fundamentos, pues era evidente que los que se llamaban a sí mismos marxistas eran en una buena mayoría una auténtica secta, o mejor formaban un nutrido grupo de sectas, cada una de ellas más interesada en afirmar la corrección de su particular interpretación de los escritos del “maestro” y abominar de las interpretaciones de las otras sectas, que en de criticar y hacer avanzar  la Economía marxista).

El caso es que estos días no sale uno de su asombro al comprobar que todas las interpretaciones que de la actual crisis financiera se hacen y que se resumen en las siguientes palabras de Sarkozy : “hay que refundar el capitalismo mundial, dando protagonismo a empresarios y trabajadores, y no a especuladores; de modo que las finanzas estén al servicio de las empresas, de la producción , de la innovación y del desarrollo económico, y no sólo al servicio de ellas mismas” (N.Sarkozy en EL País, 22/10/08), parecen provenir de los labios de lectores concienzudos del Tomo III de El Capital, y más concretamente de sus capítulos XXIX y XXX. Y es que la interpretación -llamemos- sarkoziana de la crisis financiera  encaja a la perfección con la interpretación económica marxista de las finanzas y de las relaciones nada pacíficas entre el sistema financiero con los demás sectores productivos, porque en la economía marxista, a diferencia de otros enfoques económicos, hay una contradicción objetiva entre los intereses de los capitalistas industriales o de la economía “real” y los capitalistas financieros que se deriva de la propia concepción de lo que es el capital y lo que son los beneficios y su fuente.

Para Marx, el capital es algo mucho más complejo que unos medios de producción ya producidos. Se trata, más bien, de un ejemplo histórico particular de una constante en la historia humana:  la existencia de  relaciones sociales de explotación que permiten a unos individuos (la “clase” explotadora) vivir a costa de otros (la “clase” explotada). Los llamados “bienes de capital” (máquinas, herramientas, productos semielaborados, etc.) no son sino la pacífica forma en que se encarna hoy  esa relación de explotación, pero obsérvese que una metralleta que encañonara a un grupo de trabajadores sería también “capital” al igual que las máquinas con las que trabajaran, pues gracias un gesto tan simple aquel que la empuñe puede hacer que los trabajadores sean más productivos, y quedarse con esas ganancias de productividad.

El caso es que, para Marx, los beneficios en una economía, o sea el excedente que se lleva el capitalista en cada proceso de producción una vez que se ha pagado a todos los factores de producción utilizados, incluyendo en esos gastos de producción el pago por el valor de los bienes de capital que se han consumido o depreciado (o sea, las amortizaciones)  y los salarios de los trabajadores, sólo puede provenir de un sitio: del trabajo de sus trabajadores, y viene de ellos porque son explotados. Y no -y esto es lo importante-  porque los salarios sean bajos, no, ya que, para Marx, los trabajadores reciben por término medio un salario -o sea un precio- justo, en el sentido que el salario tiende a ser igual  al valor de lo que venden los trabajadores a los propietarios de capital: su fuerza de trabajo, su capacidad para trabajar; por lo que ahí, en el salrio no hay explotación ya que los capitalistas compran y pagan el precio correcto por lo que compran, que es lo que venden los trabajadores. Si el salario es bajo es porque el mercado pone un precio bajo a lo que venden los trabajadores o sea a su fuerza de trabajo, pero ahí no hay explotación como no la hay si el precio de las patatas sube: no es que haya explotación por parte de los comerciantes de patatas, es que las condiciones del mercado de patatas son tales que determinan un precio más elevado.

En suma, que para Marx, los trabajadores no son explotados en los mercados de trabajo sino en los procesos de producción, dentro  de las fábricas y oficinas, allí donde la relación entre capitalistas y trabajadores es jerárquica (no como en los mercados, donde la relación entre comprador y vendedor es simétrica), y donde al trabajador se le hace trabajar más horas de aquellas que compensan el valor de su salario, o sea el valor justo de lo que ellos han recibido a cambio de vender su fuerza de trabajo. Es decir, que los beneficios surgen de la producción extra que los trabajadores hacen en las horas de trabajo que no se les pagan. A esas horas extra Marx las llamó plusvalía y son la única fuente real de beneficios para la clase capitalista en su conjunto.

Para Marx la plusvalía sólo se produce en aquellas actividades productivas y de transporte que generan bienes que se intercambian en un mercado y en las que participan trabajadores asalariados. Una fábrica totalmente automatizada no produciría plusvalía, aunque sí beneficios pues su dueño-capitalista recibiría parte de plusvalía generada por el resto de los sectores productivos donde sí que hay trabajadores que puedan ser explotados. Obsérvese, de igual manera, que un capitalista-financiero que adelanta dinero a un capitalista para que este pueda financiar la creación de una empresa industrial y recibe por ello más tarde un interés tampoco produce ninguna plusvalía en su actividad comercial de prestar  pues en esa relación comercial no aparecen implicados trabajadores que puedan ser explotados. Es por ello que Marx consideraba las actividades empresariales de comercio (que no de transporte)  como improductivas de plusvalía  por más necesarias que fuesen esas actividades para la marcha normal de la producción. Y, claro está, las actividades comerciales con el dinero, es decir las que realizan las empresas del sector financiero, son igualmente improductivas de plusvalía. Y sin embargo tanto los capitalistas comerciales como los capitalistas-financieros dueños del capital-dinero obtenían beneficios aunque no generasen plusvalía. ¿Cómo era eso posible? Pues, dado que sus actividades eran útiles y necesarias para hacer que las empresas productivas de plusvalía funcionasen, la explicación es que los capitalistas de los sectores productivos tenían que compartir la plusvalía que se generaba en sus empresas con los capitalistas comerciales y financieros. Esto significa que, para Marx,  siempre hay una tensión larvada y a veces explosiva entre un tipo y otro de capitalistas. Más o menos lo que, sin argumentarlo, dice Nicolas Sarkozy en le artículo citado. Hay que recalcar que esta concepción difiere radicalmente del resto de enfoques económicos, los cuales como no consideran que los beneficios provengan de la explotación de los trabajadores sostienen que en el sector financiero o comercial cabe generar beneficios como en el resto de los sectores.

Lo anterior, por sí solo, ya justifica la idea de que el sector financiero puede pesar como una losa sobre el sector productivo de bienes y servicios reales si sus capitalistas tienen suficiente fuerza, o sea, poder de mercado (esto ocurriría si son pocos o sea si los mercados financieros están muy monopolizados) en sus intercambios (o negociaciones) con los capitalistas del sector productivo. Esto ocurre cuando los tipos de interés por sus prestamos se disparan o cuando en el extremo no prestan a las empresas de la economía real. La consecuencia es que la plusvalía que queda en manos de los capitalistas “reales” es relativamente más pequeña, ello hace que disminuyan sus inversiones y la economía se contraiga (entra en crisis)  generando desempleo hasta que los salarios caigan y, con ellos,  se recomponga la masa de plusvalía que va a los capitalistas “reales” (no es por ello nada extraño ni incongruente que la letanía exigiendo moderación salarial acompañe siempre a los requerimientos de la patronal de las empresas  para salir de una crisis como la actual provocada en buena medida por la contracción del crédito a la economía real).

Pero es que Marx, adelantándose como casi siempre a su tiempo, predijo además la hipertrofia del sistema financiero y avisó sobre la aparición de un nuevo tipo de capital financiero al que llamó “capital ficticio” por no sólo carecer de ningún soporte real sino por ser inútil a diferencia del capital-dinero o capital financiero que sirve para financiar las actividades productivas de plusvalía (bonito ¿no?, suena a la famosa ingeniería financiera). Dice Marx: “Al desarrollarse el capital a interés y el sistema de crédito, parece duplicarse y a veces triplicarse todo el capital por el diverso modo como el mismo capital o simplemente el mismo título de deuda aparece en distintas manos bajo diversas formas. La mayor parte de este “capital-dinero” es puramente ficticio”. (Marx, El Capital, tomo III, 1968,p. 443). Marx observa que como consecuencia del desarrollo de los mercados financieros, un mismo hecho económico, p.ej., la propiedad de un activo físico, el derecho a recibir un pago, puede aparecer varias veces con  diferentes formas financieras. Por ejemplo, la propiedad del capital físico de una empresa aparece como tal propiedad jurídica, en forma de acciones, en forma de acciones de una empresa que sea propietaria de esas acciones si se trata de un holding, y en forma de garantía de una emisión de obligaciones hecha por ese holding o como aval o seguro de otra operación. En todos estos casos, el mercado da un valor  a cada una de las formas (la garantía tiene un valor, el aval también, etc., etc.) que adopta financieramente lo mismo, es decir, las máquinas que componen el capital físico o real de la empresa, luego si tienen un “valor” son un “capital”, aunque ficticio. Otro ejemplo: una hipoteca (como una cualquiera de las famosas “hipotecas tóxicas”) nadie sabe, una vez que ha pasado por la moderna máquina trituradora y recomponedora de la ingeniera financiera, en cuántas formas financieras distintas está y tampoco nadie sabe en cuántas contabilidades aparece como esa hipoteca enmascarada en o detrás de un activo financiero. De igual manera, una obligación o un bono emitido por una empresa puede ser usado por su comprador  como garantía colateral de bonos que a su vez él emita, y así sucesivamente. No es de extrañar que ningún banco confíe en ningún otro pues todos han jugado hasta la saciedad a crear “capital ficticio”.

Pero, ¿qué valor tiene ese “capital ficticio”? Pues como no se corresponde con precisión con elementos de la economía “real” su valor dependerá del mercado, es decir, del valor que “los mercados” den a las diversos formas en las que se plasma el “capital ficticio”. Y de ahí la volatilidad de esos mercados, su dejarse llevar por movimientos gregarios (“herd behaviour”) al alza y a la baja sin claras razones. Pero resulta patente que, en el largo plazo, o sea, cuando se compensan los movimientos especulativos hay un valor fundamental para los “activos” que componen el “capital ficticio” que se correspondería a la tasa de ganancias que pueden ganar sus propietario, y claro está esta depende de dos cosas: a) la capacidad de generar plusvalía por parte de la economía “real”, y b)  entre cuántos “activos” hay que repartirse esa plusvalía. Si, por ejemplo, la generación de plusvalía se estanca por las razones que sea y a la vez crece el volumen de capital ficticio, el tipo de beneficio que  puede obtener cada unidad de ese capital es tendencialmente más bajo simplemente por el crecimiento en el número de “productos financieros” que lo componen. Dicho de otra manera, la ingeniería financiera desde una perspectiva marxista lleva en sí las semillas de su propia destrucción pues al hacer que aumente el número de “activos ficticios” existente acaba desvalorizando a la larga a cada uno de ellos. No es así nada extraño asistir a hundimientos brutales de esos mercados y a la consiguiente desaparición  de grandes cantidades de esos “activos ficticios” como medio de recomponer la tasa de ganancia de los que queden y del  sector financiero en su conjunto. Dicho con otras palabras, el “capital ficticio” es desde la perspectiva marxista un tipo nuevo de factor inestabilizador de la vida económica de las economías capitalistas conforme se financiarizan caracterizado además por su cda vez más rápida recurrencia.

Obsérvese, finalmente,  que desde la perspectiva marxista, los planes de rescate del sistema financiero (ya sea inyectando liquidez comprando activos “ficticios”, ya inyectando capital) sólo pueden tener éxito si mediante ellos se transfiere plusvalía del sector real al financiero, lo que sólo puede ocurrir si se genera más plusvalía donde se genera, es decir, si los salarios reales de los trabajadores caen  de modo que aumente la cantidad de plusvalía generada en el sistema económico (cabe también una solución alternativa e improbable  si los capitalistas del sector real aceptan compartir una parte mayor de “su” plusvalía con los del sector financiero), pues sólo de esa forma, es decir,  sólo transfiriendo nuevo valor o nuevo “plusvalor” desde la economía “real” que es dónde se genera hacia el sector financiero  pueden valorizarse unos activos financiewro ficticios sin valor. Dicho de otra manera, sea cual sea la “forma” concreta que adopte la refundación del capitalismo mundial que propone Sarkozy, quienes pagarán los platos rotos serán sólo los trabajadores.

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15 M, un año después

Daniel Raventós · G. Buster · · · ·
13/05/12


 

Tres años largos después de desatarse la gran crisis económica en la que estamos inmersos, se producía un acontecimiento grandioso. El 15 de mayo de 2011, ahora hace un año, irrumpió un movimiento social que sorprendió a casi todos. Gran parte de la población recibió la sorpresa con mucha simpatía. Las encuestas realizadas pocas semanas después de iniciadas las grandes ocupaciones de las calles y plazas de muchas ciudades del Reino de España no ofrecían dudas del amplio apoyo de gran parte de la población hacia el nuevo movimiento. Pero si las encuestas eran esperanzadoras, las movilizaciones en la calle lo eran más aún.

En mayo del 2011 se cumplía un año también del gran giro a la derecha del gobierno entonces del PSOE. Aquel giro comportó la enajenación de gran parte de la base social que aún le quedaba y acabó con la debacle electoral del PSOE el 20 de noviembre del año anterior. Decíamos inmediatamente después de las elecciones: “Los resultados (…) han venido a confirmarlo, y por lo magnífico: el PSOE ha sufrido un descalabro electoral sin precedentes –muy superior al pronosticado por las encuestas—, perdiendo cerca de 4 millones trescientos mil votos, mientras al PP del señor Rajoy le ha bastado ganar algo más de medio millón de sufragios para conseguir una mayoría parlamentaria.” Con el nuevo gobierno del PP se han continuado y se han profundizado radicalmente las contrareformas que el PSOE había iniciado unos meses antes.

Después de los primeros momentos de sorpresa, el movimiento que ya se conocía por 15-M fue visto muy hostilmente por parte de los poderes públicos. No podía ser de otra manera. Y se optó por la vía represiva. Fue en Catalunya en donde la represión ideada por el Conseller Felip Puig, adquirió toda su magnitud. Las imágenes de la actuación policial del 27 de mayo de 2011 dieron la vuelta al mundo. Aquella actuación represiva se saldó con una victoria del movimiento, porque la gran presencia ciudadana en el lugar de la acampada (la plaza de Catalunya), que estaba siendo desalojada por la policía autonómica, impidió su desmantelamiento. La acampada de la plaza Catalunya aumentó aún más la simpatía popular. Luego vinieron las grandísimas manifestaciones del 19 de junio. El 15-M no era flor de verano, ya se había conformado como elemento de primera importancia en la dinámica social y política del Reino de España. Las descalificaciones del movimiento realizadas por algunos periodistas, políticos y académicos fueron ridiculizadas por los hechos. Con ignara prepotencia se atribuía al 15-M: inmadurez, falta de organización, inoperancia, maximalismo, sectarismo… ¡Cuán rápidamente fueron barridas algunas de estas consideraciones por las grandes manifestaciones y por las iniciativas del propio movimiento!

Ha pasado un año desde el inicio de las acampadas y desde el nacimiento del 15-M. Estos días han aparecido en todos los medios de comunicación reflexiones sobre qué queda de aquel movimiento. ¿Realmente ha desaparecido como han defendido, mitad por animadversión y mitad por ignorancia, algunos escribidores en los medios de comunicación? El 15-M se ha replegado a lo largo de este año en los barrios. Ha ido madurando, ha bajado muchísimo su presencia pública, ha recargado motores.

Una de las grandes diferencias con respecto a los “programas” salidos de las distintas asambleas de hace un año es su concreción en unos pocos puntos. Cinco para ser precisos: 1) ni un euro más para rescatar a los bancos, 2) educación y sanidad públicas de calidad, 3) no a la precariedad laboral, no a la reforma, 4) por una vivienda digna y garantizada y 5) renta básica universal. Nadie podrá alegar que estamos ante un “programa” radical. Es un “programa” que intenta expresar en pocos puntos las medidas que servirían para contrarestar la ofensiva que, desde la Unión Europea, el gobierno del Reino de España y los distintos gobiernos autonómicos, completamente sumisos a los “mercados”, están lanzando contra la inmensa mayoría no rica de la población.  Se trata de cinco puntos defensivos, hasta higiénicos, que si pueden parecer “radicales” es por lo opuestos que son a la barbarie económica y social desencadenada contra la gran mayoría de la población desde mayo de 2010, ahora hace dos años.

Otra de las grandes diferencias con respecto a la situación de los inicios del movimiento es su mayor acercamiento a organizaciones no directamente implicadas en el interior del mismo. Cabe referirse aquí especialmente a los sindicatos CCOO y UGT. La participación del 15 M en la huelga general del pasado 29 de marzo, convocada por estos y otros sindicatos (especialmente y con anterioridad en la comunidad autónoma vasca y en Galicia) fue muy evidente en determinadas ciudades. Existen muchas desconfianzas, y algunas actitudes demasiado cautas de CCOO y UGT no ayudan precisamente a romperlas, pero se ha reducido en gran parte aquel gran alejamiento. El tercer punto del “programa” antes mencionado, el punto contrario a la reforma del mercado laboral y a la precariedad, enlaza con los objetivos de la huelga general del pasado 29 de marzo. Algunos activistas del 15 M son de la opinión que, por muchas que sean las diferencias con los sindicatos mayoritarios, es necesario golpear juntos aunque se camine por separado. Como así también piensan muchos sindicalistas, sean muchas o pocas las diferencias que puedan tener con el 15 M. Y ocasiones para golpear juntos hay y seguirá habiendo en el futuro más inmediato.

El 15-M ha vuelta a la escena. Los números de las manifestaciones del sábado 12 de mayo en todo el mundo, especialmente en Barcelona y Madrid, fueron espectaculares. La Plaza Catalunya en Barcelona y la Puerta del Sol en Madrid han sido centros de actos multitudinarios. Pero también en otras muchas ciudades del Reino de España y de Europa. Asambleas en las que se habla de distintos aspectos de los cinco puntos programáticos antes apuntados.

Sería pretencioso apuntar alguna predicción sobre cómo evolucionarán los acontecimientos y ya habrá tiempo para hacer balance y ajustar el rumbo. Mientras tanto, disfrutemos del aire fresco que representó y está representando este gran movimiento social que ocupa algunas plazas de muchas ciudades. Algo es seguro: el 15-M vino para quedarse y lo está consiguiendo.

Daniel Raventós y Gustavo Búster son miembros del Comité de Redacción de SinPermiso.

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